asdUna noche, decidí quedarme a dormir en Belgrano. Ya estábamos en la Avenida de los Incas, y yo vivía sola, en un departamento de la calle Montevideo. Estaban construyendo mi casa de Palermo Chico. El riesgo era que me llamaran desde la casa de mis padres. O que pasara mi madre a verme, por la mañana. No lo hacía, generalmente.
asd-Lo único que falta es que traiga mi almohada, como cuando iba a dormir a casa de las tías- le dije a J.
asdComimos. Salimos al jardincito a mirar las plantas con un farol, para darles caza a las hormigas, si se atrevían a entrar allí. Caminamos por la Avenida de los Incas, casi solitara en aquellos años. Pero no tanto como creíamos. Un vecino le dijo, a una amiga mía, que solía vernos, caminando, "una pareja tan linda...".
asdMenos mal que sintiera simpatía y se apiadara.
asdVolvimos. Nos acostamos. Qué batallas había librado en mi interior, y qué desiertos había atravesado antes de llegar a esa cama, a esa noche "robada". No era yo sola la que estaba allí, con la cabeza apoyada en el hombro de J. Eran años de zozobra. Pensaba en las arpistas que colocaban la palma de la mano sobre las cuerdas para apagar la vibración persistente. Yono podía hacer eso con mi corazón. ¿Dormir? Ni un minuto. No me movía por si J. dormía, ni levantaba hacia arriba la cabeza para mirarlo. De cuando en cuando pasaba algún auto y los faros se reflejaban en las paredes blancas. Conocía de memoria todo en ese cuarto, y la cama en que me había acostado sin inhibiciones de ninguna especie (centenares de veces, desde Garay). Estaba en lo mío. Pero una trepidación constante me separaba de todo: "¿Irán por casualidad a buscarme? ¿Me llamarán para algo?"
asdCuando clareaba, sentí que J. se apartaba con cuidado y salía del cuarto. Oí las canillas abiertas del baño. Volvió con olor a jabón. Me besó en la frente.
asd-¿Cómo le va a usted? ¡Qué pocas ganas tenía de hacer el amor esta noche! ¿Será que ya no me quiere porque todo es más fácil?
asd-¡Fácil! -grité-. Entonces no comprendés nada.
asd-Sí, comprendo. ¡Cómo sos de joven! Una mala noche, sin sueño, no te hace mella.
asd-No me ves por dentro. Sos una bestia, pero te quiero. No comprendés nada, pero te quiero.
asd-¿Qué es lo que no comprendo?
asd-Que me parece imposible estar aquí, pasando la noche con vos. Tan imposible, que yo no estoy aquí... Estoy del otro lado de un cristal. Te veo, no te toco.
asd-Sí, estás aquí. ¿Querés bañarte? ¿Te preparo el baño?
asd-Dejá. Me lo preparo yo.
asdMe fui al baño. Cuando ya estaba en la bañadera, entró. Sin pedir permiso.
asd-¿Te jabono?
asd-Me jabonás.
asdSus manos eran confortables como el agua confortablemente caliente. Borraban mi cansancio, deshacían los nudos de mis nervios. Renacía deliciosamente.
asd-Cómo es de mansa esta rebelde.
asd-Mansa porque me gustan tus manos.
asd-¿Más que yo?
asd-Imbécil.
asd-...
asd-Y ahora, no se me quede dormida en la bañadera.
asd-Tengo sueño.
asd-Nada de sueño. Te voy a dar un café con leche, y te despacho. ¿Querés comprometer mi reputación en el barrio?
asd-Sos un violador de cadáveres ambulantes.
asd-¿Cadáveres? Reviven en el agua.
asd-Soy anfibia. Y me gusta el agua.
asd-No me expliques lo que sos. Si te conoceré.
asd-¡Qué gracia! Te he dado ocasiones de conocerme. Secame.
asdEsa fue nuestra única noche entera en Belgrano. Vi que no podría estar tranquila.
asdCuando hice constriur la casa de Mar del Plata (que vendí después de un año, para hacerme la de Palermo Chico), J. vivió allí dos meses conmigo. El barrio estaba deshabitado o casi entonces. De todas maneras, era correr un riesgo. Pero tuvimos suerte. Por supuesto vivíamos a vista y paciencia de los sirvientes (todos habían estado años conmigo). Y mi familia estaba en Villa Victoria.
asdDespués vivimos juntos en París, 40 rue d'Artois. Pero ya era distinto. En el año 1929, llevábamos vida de amigos. ¿Cómo llegamos a eso?
sábado, 24 de mayo de 2008
Primera noche en Belgrano
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario